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Del problema ambiental a la oportunidad económica: proponen convertir el sargazo en bioplásticos, energía y materiales de construcción

junio 10, 2026 · admin

Durante años, la llegada masiva de sargazo a las costas del Caribe mexicano ha sido vista como una amenaza para el turismo, los ecosistemas y las economías locales. Sin embargo, un grupo de especialistas y representantes del sector privado considera que esta macroalga podría dejar de ser un problema para convertirse en una fuente de oportunidades económicas y ambientales.

La propuesta plantea transformar el sargazo en materia prima para diversos sectores productivos, generando así un mercado capaz de incentivar las inversiones necesarias para su recolección y procesamiento.

De acuerdo con Andrés Muñoz, representante de esta iniciativa, el principal desafío consiste en crear una demanda estable para los productos derivados del sargazo. A partir de esa demanda, explicó, surgiría el interés empresarial por invertir en tecnologías y sistemas de captación de la biomasa antes de que llegue a las playas.

«Estamos obligados a generar un mercado con esta biomasa para que haya una demanda de suministro y habiendo demanda de suministro va a haber interés en invertir en recolectarlo en el mar», señaló.

Con este objetivo, en abril se puso en marcha la iniciativa Caribe Circular, una estrategia que busca articular esfuerzos entre empresas, investigadores y autoridades para desarrollar cadenas de valor sostenibles basadas en el aprovechamiento del sargazo.

Entre las alternativas que ya muestran viabilidad en el corto plazo se encuentra la fabricación de bioplásticos y biocartón. Según explicó Muñoz, actualmente es posible incorporar hasta un 30 % de biomasa de sargazo en la producción de estos materiales, sin comprometer sus propiedades funcionales.

Incluso, ya se desarrolla un programa piloto junto con un grupo hotelero del Caribe para evaluar la utilización de estos productos en operaciones cotidianas del sector turístico.

Pero las posibilidades van mucho más allá. Los especialistas han identificado al menos seis líneas de aprovechamiento con potencial tecnológico y comercial.

Una de ellas corresponde a la elaboración de biofertilizantes y bioestimulantes para la agricultura. Gracias a los compuestos naturales presentes en la macroalga, estos productos podrían contribuir al fortalecimiento de los cultivos y reducir la dependencia de insumos químicos tradicionales.

Otra aplicación relevante es la generación de energía renovable mediante la producción de biogás y biometano. Este proceso aprovecha la descomposición controlada de la biomasa para obtener combustibles que pueden utilizarse para producir electricidad o abastecer diversos sectores productivos.

De acuerdo con Muñoz, esta alternativa podría representar una contribución importante para atender el déficit energético que enfrenta actualmente la península de Yucatán.

«El aprovechamiento del sargazo podría convertirse en parte de la solución a los desafíos energéticos de la región», indicó.

El listado de usos potenciales también incluye la fabricación de materiales para la construcción. Entre ellos destacan sustitutos de tabla roca y otros componentes que podrían incorporarse a proyectos de vivienda e infraestructura con un enfoque más sostenible.

Asimismo, la producción de bioplásticos se perfila como una de las opciones más prometedoras, especialmente en un contexto global marcado por la búsqueda de alternativas menos contaminantes frente a los plásticos convencionales derivados del petróleo.

A ello se suma la posibilidad de extraer alginatos, compuestos ampliamente utilizados en las industrias cosmética, farmacéutica y química por sus propiedades espesantes y estabilizantes.

Precisamente, los mercados asiáticos representan una oportunidad atractiva para este tipo de productos, debido a su elevada demanda de alginatos y otros derivados de las algas marinas.

Uno de los principios que guía esta estrategia es la intención de competir en igualdad de condiciones con los productos tradicionales, sin depender de subsidios gubernamentales permanentes.

«Nosotros no queremos que se subsidie, no creemos en el subsidio como factor primordial en la implementación y apalancamiento de estos mercados. Queremos competir contra los productos actuales», afirmó Muñoz.

Más allá del aspecto económico, el manejo del sargazo también plantea desafíos en materia de salud pública. Cuando la macroalga se acumula y comienza a descomponerse sobre las playas, libera gases como sulfuro de hidrógeno y amoníaco, los cuales pueden provocar molestias respiratorias, irritación y otros efectos adversos.

El directivo señaló que investigaciones desarrolladas por instituciones académicas han documentado impactos en la salud de las personas que participan directamente en las labores de recolección.

«Sí hay un impacto a la salud de los profesionales que arduamente están recolectando en condiciones muy complicadas el sargazo en las playas públicas del país», sostuvo.

Ante esta situación, se trabaja en la implementación de equipos de protección adecuados y protocolos preventivos que permitan reducir la exposición a estos riesgos durante las tareas de limpieza y manejo de la biomasa.

Sin embargo, los especialistas coinciden en que la dimensión alcanzada por el fenómeno exige replantear la estrategia actual. Hasta ahora, gran parte de los esfuerzos se han concentrado en retirar el sargazo una vez que ya llegó a las costas, una respuesta que consideran insuficiente frente al aumento constante de los arribazones.

Por ello, hacen un llamado a transitar hacia un modelo preventivo, basado en la coordinación entre autoridades, comunidad científica y sector privado.

«Tenemos que cambiar de hacer una política reactiva, ser proactiva y preventiva», advirtió Muñoz.

Los próximos dos o tres años serán decisivos para determinar si las soluciones planteadas logran consolidarse. Para los impulsores del proyecto, los siguientes 24 a 36 meses representan una ventana de oportunidad para desarrollar infraestructura, fortalecer los mercados y demostrar que el sargazo puede transformarse de una crisis ambiental recurrente en un motor de innovación y desarrollo sostenible.

En una región cuya economía depende en gran medida del turismo y de la conservación de sus ecosistemas costeros, encontrar nuevas formas de aprovechar esta macroalga podría marcar la diferencia entre continuar reaccionando ante una emergencia anual o construir una estrategia capaz de generar beneficios económicos, ambientales y sociales a largo plazo.