La publicación de un reciente estudio canadiense que cuestiona los beneficios de los suplementos de calcio y vitamina D para prevenir fracturas y caídas en adultos de bajo riesgo generó preocupación entre pacientes y profesionales de la salud. Sin embargo, especialistas argentinos salieron rápidamente a aclarar que los resultados no deben interpretarse como una recomendación general para abandonar estos tratamientos.
La Sociedad Argentina de Osteoporosis (SAO) y la Asociación Argentina de Osteología y Metabolismo Mineral (AAOMM) difundieron un comunicado conjunto en el que buscaron llevar tranquilidad a quienes actualmente reciben suplementación por indicación médica. Según las entidades, las conclusiones del metaanálisis publicado en la revista científica The BMJ fueron simplificadas en algunos espacios de divulgación y no reflejan adecuadamente las situaciones clínicas de muchos pacientes.
Los especialistas remarcaron que el estudio puede ser útil para evitar la indicación indiscriminada de suplementos en personas sanas que no presentan deficiencias ni factores de riesgo, pero advirtieron que de ninguna manera respalda la suspensión de tratamientos en pacientes con osteoporosis, antecedentes de fracturas, riesgo elevado de caídas o déficit comprobado de calcio y vitamina D.
La controversia surgió a partir de una revisión sistemática y metaanálisis que reunió datos de 69 ensayos clínicos aleatorizados realizados en distintos países. En total, los investigadores analizaron información de 153.902 participantes para evaluar si la suplementación con calcio, vitamina D o la combinación de ambos reducía el riesgo de fracturas y caídas.
Los resultados mostraron poco o ningún efecto significativo en la prevención de fracturas en la mayoría de los grupos estudiados. Aunque la combinación de calcio y vitamina D presentó una leve reducción estadísticamente significativa en algunos casos, los autores señalaron que el beneficio absoluto observado era reducido.
Sin embargo, para las sociedades médicas argentinas existe un aspecto fundamental que debe tenerse en cuenta antes de extrapolar estos hallazgos a toda la población. La mayoría de los participantes incluidos en los estudios vivía de forma independiente, no recibía tratamiento para la osteoporosis y, en general, no presentaba un riesgo elevado de fracturas o caídas. Además, gran parte de ellos ya tenía niveles adecuados de calcio y vitamina D antes de comenzar la suplementación.
Según los especialistas, evaluar la eficacia de un suplemento en personas que no presentan deficiencias puede conducir a conclusiones limitadas sobre su utilidad real en pacientes que sí lo necesitan. Por ello, consideran incorrecto trasladar automáticamente los resultados a grupos que quedaron excluidos de la investigación, como adultos mayores institucionalizados, personas con osteoporosis diagnosticada o pacientes que ya han sufrido fracturas.
El mensaje central de las entidades es que ningún paciente debería suspender un tratamiento indicado por su médico basándose únicamente en titulares o interpretaciones generales de estudios científicos. La recomendación es consultar siempre con el profesional tratante antes de realizar cualquier modificación terapéutica.
Los expertos recuerdan que el calcio y la vitamina D cumplen funciones esenciales para la salud ósea. El calcio constituye uno de los principales componentes estructurales del esqueleto, mientras que la vitamina D resulta indispensable para favorecer su absorción y utilización adecuada por parte del organismo.
Esta relación explica por qué ambos nutrientes suelen indicarse de manera conjunta en determinadas situaciones clínicas. En personas con déficit comprobado o con enfermedades que afectan la salud ósea, la suplementación puede formar parte de una estrategia integral que también incluye actividad física, alimentación adecuada y, cuando corresponde, medicamentos específicos para tratar la osteoporosis.
La discusión también puso nuevamente en primer plano la importancia de medir los niveles de vitamina D en pacientes seleccionados. Los especialistas sostienen que no es necesario realizar estudios de laboratorio de forma masiva, pero sí consideran útil evaluar a personas que presentan factores de riesgo o enfermedades que pueden beneficiarse de una corrección de los niveles de esta vitamina.
La presidenta de la SAO, María Laura García, destacó que existe evidencia consistente sobre la utilidad de identificar y tratar deficiencias en determinados grupos de pacientes. Aunque la suplementación por sí sola no resuelve todos los problemas de salud ósea, puede contribuir a mejorar el funcionamiento general del organismo cuando existe una carencia real.
Otro aspecto destacado por las sociedades médicas es que la vitamina D y el calcio no deben analizarse únicamente desde la perspectiva de las fracturas. El comunicado menciona investigaciones que sugieren posibles beneficios adicionales asociados a niveles adecuados de vitamina D, incluyendo efectos sobre la salud metabólica y algunos indicadores de mortalidad, aunque estos temas continúan siendo objeto de debate científico.
Los especialistas también recuerdan que la suplementación no está exenta de riesgos. Si bien la toxicidad por vitamina D derivada de la exposición solar o la alimentación es poco frecuente, el consumo excesivo mediante suplementos puede provocar hipercalcemia, una condición caracterizada por niveles elevados de calcio en sangre. Entre sus posibles síntomas figuran náuseas, vómitos, debilidad muscular, sed intensa, deshidratación, cálculos renales y, en casos graves, alteraciones cardíacas o insuficiencia renal.
Por esta razón, insisten en que la decisión de tomar suplementos debe basarse en una evaluación médica individual y no en recomendaciones generales o tendencias de consumo.
En cuanto a las fuentes naturales, la vitamina D se obtiene principalmente mediante la exposición de la piel a la luz solar, aunque factores como la edad, la estación del año, el uso de protector solar y la ubicación geográfica pueden influir en su producción. También está presente en alimentos como pescados grasos, huevos, lácteos, hongos y productos fortificados. El calcio, por su parte, puede incorporarse a través de lácteos y otros alimentos ricos en este mineral.
La conclusión de las sociedades científicas argentinas es clara: el nuevo estudio aporta información valiosa para revisar la suplementación rutinaria en adultos sanos, pero no justifica la suspensión automática de tratamientos indicados por profesionales. La clave, afirman, sigue siendo una medicina personalizada, basada en la evaluación de cada paciente y no únicamente en los resultados promedio de grandes estudios poblacionales.