Un tutorial de maquillaje, una recomendación de skincare o un video sobre cómo conseguir determinado peinado pueden parecer contenidos inofensivos para un adolescente. Sin embargo, una nueva investigación advierte que la influencia de las redes sociales podría extenderse más allá de las tendencias de belleza y modificar también la cantidad de productos de cuidado personal que utilizan los jóvenes, aumentando potencialmente su contacto con determinadas sustancias químicas.
El estudio, realizado por investigadores de la Rutgers School of Public Health, analizó los hábitos de 143 estudiantes de secundaria y encontró que aquellos que seguían a influencers que tenían sus propias líneas de productos reportaban utilizar más artículos de cuidado personal que sus compañeros.
La investigación fue publicada en el Journal of Exposure Science & Environmental Epidemiology y plantea una preocupación que hasta ahora ha recibido menos atención: el papel de las redes sociales como impulsoras del consumo de productos que pueden contener sustancias químicas capaces de interferir con el funcionamiento hormonal.
Los influencers pueden modificar los hábitos de consumo
Los investigadores preguntaron a los estudiantes qué productos de cuidado personal habían utilizado durante las 24 horas anteriores. La encuesta incluyó artículos tan cotidianos como champú, desodorante, productos para la piel, fragancias y maquillaje.
Los resultados mostraron una relación entre el tipo de contenido que consumían los adolescentes y la cantidad de productos que utilizaban.
Los estudiantes que seguían a influencers con líneas propias de productos reportaron haber utilizado 30% más productos durante las 24 horas previas que aquellos que no seguían a este tipo de creadores.
La diferencia fue todavía mayor entre quienes habían visto tutoriales de peluquería o belleza, grupo que informó utilizar alrededor de 40% más productos.
Para Emily Barrett, autora principal de la investigación, este hallazgo amplía la conversación sobre los posibles efectos de las redes sociales en los menores.
“A menudo escuchamos que las redes sociales pueden perjudicar la salud mental y el desarrollo socioemocional de los niños”, explicó. Pero, según la investigadora, el estudio plantea otra posible preocupación: que estas plataformas impulsen el uso de productos de cuidado personal que pueden contener determinadas sustancias químicas.
¿Qué sustancias preocupan a los investigadores?
El interés de los científicos no está únicamente en la cantidad de productos utilizados, sino en las sustancias a las que los adolescentes podrían estar expuestos al emplearlos repetidamente.
Algunos productos de cuidado personal pueden contener ftalatos, parabenos y fenoles, compuestos que han sido estudiados por sus posibles efectos sobre el sistema endocrino y otros aspectos de la salud.
Los llamados disruptores endocrinos son sustancias capaces de interferir con el funcionamiento normal de las hormonas. Esto resulta particularmente relevante durante la adolescencia, una etapa caracterizada por importantes cambios físicos y hormonales.
Los investigadores señalan que algunos de estos compuestos también han sido relacionados en investigaciones previas con determinados riesgos para la salud, incluido el cáncer. Sin embargo, el estudio de Rutgers no demuestra que los adolescentes participantes hayan desarrollado daños hormonales o cáncer como consecuencia de utilizar estos productos.
Su principal hallazgo es una asociación entre el consumo de contenido de belleza en redes sociales y un mayor uso de productos de cuidado personal.
Las adolescentes utilizan más productos que los varones
Otra diferencia importante apareció al comparar los hábitos de las adolescentes y los adolescentes.
Las niñas participantes reportaron utilizar una mediana de 14 productos de cuidado personal al día, aproximadamente el doble de los productos utilizados por los niños.
La palabra “mediana” significa que la mitad de las participantes utilizó más de esa cantidad y la otra mitad utilizó menos.
El número resulta relevante porque, mientras mayor sea la cantidad de productos empleados, también puede aumentar el número de ingredientes a los que una persona está expuesta. Además, algunos productos pueden utilizarse varias veces al día o combinarse con otros artículos que contienen sustancias similares.
Los investigadores observaron que, en términos generales, los estudiantes encuestados utilizaban una cantidad de productos comparable con la registrada anteriormente en estudios realizados con adultos.
La adolescencia es una etapa especialmente sensible
Los autores destacan que la preocupación adquiere una dimensión particular durante la adolescencia.
Durante esos años, el organismo atraviesa cambios acelerados y el sistema hormonal desempeña un papel central en el desarrollo físico y sexual. Por esa razón, los investigadores consideran importante estudiar no solamente qué productos utilizan los jóvenes, sino también con qué frecuencia y durante cuánto tiempo están expuestos a sus ingredientes.
“Están experimentando cambios rápidos, incluso en sus sistemas hormonales”, señaló Barrett.
Esto no significa que utilizar maquillaje, champú, desodorante o productos para el cuidado de la piel sea necesariamente perjudicial. La investigación tampoco establece que todos estos artículos contengan sustancias peligrosas.
El punto planteado por los científicos es que la exposición acumulada a múltiples productos merece ser estudiada, especialmente cuando las redes sociales pueden incentivar a los adolescentes a incorporar cada vez más artículos a sus rutinas.
La mayoría no revisa los ingredientes
A pesar de que algunos estudiantes manifestaron preocupación por los componentes de los productos que utilizan, solamente 19% afirmó leer regularmente las listas de ingredientes.
El dato muestra una posible brecha entre el interés por el cuidado personal y el conocimiento sobre aquello que contienen los productos.
Las redes sociales suelen presentar las rutinas de belleza como una secuencia de pasos: limpiador, sérum, crema, protector solar, maquillaje, perfume, productos para el cabello y otros artículos. La incorporación de cada nuevo producto puede parecer una decisión aislada, pero el resultado es una exposición simultánea a numerosos ingredientes.
Por ello, los investigadores consideran importante continuar estudiando qué sustancias llegan realmente al organismo y en qué cantidades.
El próximo paso: medir las sustancias en la orina
Una de las limitaciones de la investigación es que los científicos se basaron en lo que los propios estudiantes reportaron sobre sus hábitos de consumo.
Para conocer con mayor precisión la exposición química real, futuros estudios podrían incorporar análisis de orina. Estas pruebas permitirían buscar biomarcadores relacionados con determinadas sustancias y complementar la información obtenida mediante cuestionarios.
De esta manera sería posible responder una pregunta que el estudio actual todavía no puede resolver: ¿cuánto de esas sustancias llega realmente al organismo de los adolescentes y qué consecuencias puede tener esa exposición a largo plazo?
También sería necesario realizar investigaciones con grupos más grandes y durante periodos prolongados para determinar si el aumento en el uso de productos se traduce efectivamente en mayores niveles de exposición química.
Redes sociales y belleza: una relación que merece mayor atención
El estudio de Rutgers no plantea que los padres deban prohibir a los adolescentes utilizar productos de belleza ni que todos los contenidos publicados por influencers sean perjudiciales. Su principal aporte consiste en mostrar que las redes sociales pueden influir en conductas relacionadas con la exposición ambiental, además de sus conocidos efectos sobre el comportamiento, la autoestima o la salud mental.
Un adolescente que ve diariamente tutoriales y rutinas de belleza puede terminar incorporando productos que antes no utilizaba simplemente porque forman parte de la tendencia que observa en pantalla.
Por ello, los investigadores consideran importante que los jóvenes desarrollen mayor capacidad para revisar los ingredientes, cuestionar las recomendaciones comerciales y distinguir entre una tendencia de redes sociales y una necesidad real de cuidado personal.
Mientras nuevas investigaciones determinan cuáles son los niveles de exposición y sus posibles consecuencias, el estudio deja una reflexión sencilla: en la era de los influencers, lo que aparece en la pantalla no solamente puede cambiar lo que un adolescente quiere comprar, sino también lo que decide ponerse sobre la piel, el cabello o el cuerpo todos los días.